LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE PETER:

mi vida en París

Todo empezó cuando tenía 19 años y conocí a Petter (nombre ligeramente modificado), el noruego. Y más tarde a múltiples versiones internacionales de ese nombre: Petter-Pieter-Peter-Pere-Pedro. Elija país y fenotipo; entonces le asignaremos el nombre (y el hombre) correspondiente. A continuación enamórese. Finalmente, desenamórese y vuelva a empezar. Feliz ciclo amoroso. ¡Hasta la próxima, y no olvide seguir viajando con nosotros!

Cómo decía, todo empezó cuando tenía 19 años y conocí a Petter. Yo estaba en 2o de carrera, y no sabía nada del mundo, ni de las relaciones. No es que ahora sea una experta, pero es que antes no sabía nada del erasmus, ni de los viajes, ni de la place de Contraescarpe , ni de de la Cité Universitaire, ni de la Pitié Salpêtrière ni de la Deutsch de la Meurthe.

No sabía nada.

No sabía que se podía ir hasta Bélgica para perder la virginidad, ni que hablaría  holandés con acento belga, y que más tarde aprendería francés. Y que viviría un año en París dónde me volvería a enamorar, y me volvería a enamorar, y me volvería a enamorar. O eso pensaba yo. De variantes de Peter, pero también de otros hombres nombres. Pero eso es otra historia. O muchas.

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cité universitaire

Residencia en la que fui MUY feliz con gente maravillosa durante 2011-2012- Fondation Deutsch de la Meurthe. Cité universitaire. 37 Boulevard  Jourdan, 75014 París mi habitación en París

Mi habitación en París

No conocía la insoportable levedad del ser, ni a las mujeres fuertes de las fotografías de Helmut Newton; no sabía que aprendería a cocinar de un modo improvisado, y usando muchas especias. (Todas). No sabía que después aprendería alemán y que eso me serviría para olvidar el holandés. Aprender alemán en francés. Menuda faena.

No sabía que lloraría las penas de amor, desatada por el alcohol, hasta el punto de que mi vecina me llegaría a preguntar días más tarde si se me había muerto algún familiar; que me había oído a través del tabique de la habitación en esa residencia histórica, de muros de piedra y suelos de parqué de principios de siglo, y se había preocupado.

Y que yo le contestaría, con el moco colgando:

woody amar es sufrir

Era el puzzle que todos tratábamos de montar. Juego, que en realidad era un lobo vestido de corderito. Si pretendías huir te enseñaba sus afilados colmillos. Todavía los conoces, uno se llama biología, el otro: tradición.

A veces eran más fuertes que nosotros, pero no todo estaba perdido. libro singles

Ah,  porque cuándo la llama prendía rápido, muchas veces  se extinguía de golpe, más precipitadamente aún. Tanto, que daba vértigo. Y es que parece que los amores se hacen mejor a fuego lento, aunque cueste ir en contra del burbujeo del agua hirviendo. Porque si no, son al alma, lo que el “Fast food” al corazón. Calman el hambre del momento, pero joden a  la larga las arterias coronarias, y luego te puede acabar dando un infarto. Sobre todo al ver a tu “amor” con su nueva “adquisición”.

***

Cuándo llegué a Berlín, no sabía que allí mejoraría tanto tocando la guitarra, ni que allí improvisaría jam sessions utilizando el eco de las escaleras de nuestro edificio, con un amigo medio polaco de rizos salvajes, alto como el Aneto. No sabía que viviría en una casa con otros diez personajes, a cada cuál más loco.IMG_2033

IMG_2551Mi habitación en Berlín

Qué comeríamos hamburgesas de tugurios grasientos, y cervezas de späties sentados sobre los adoquines de un barrio decadente, que saltaría con mis nuevos amigos de los árboles a las aguas de Schlachtensee, y que hubiera tantos otros lagos en Berlín.

IMG_2455Schlachtensee

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 No sabía que se podía hacer autoestop en albornoz cerca de Alexanderplatz en un ataque de hipo, para volver a casa de una fiesta con una amiga; después de pasarnos la tarde nadando en un intento de no caer en la desesperación agridulce de un reencuentro con el pasado en Berlín. Un pasado que se ha convertido en un presente inasible. Dos vidas que se han cruzado dos veces, para volver a divergir. Y no era un Peter.

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Y que hubiese tanta historia abandonada: el aeropuerto de Tempelhof, y MUCHOS edificios que hacíamos nuestros, en esa parte de la ciudad ex-comunista, que en el 89 había vuelto a unirse a su otra mitad. Edificios  cuyas cimas conquistábamos  para  atestiguar amaneceres de días nuevos,  y allí nos contábamos en silencio todas las historias, reales e imaginarias de amor, frustradas por el alzamiento del muro. De cara al cielo anaranjado.

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IMG_2688***

Ok, rebobinamos volviendo al inicio:

Yo con 19 años, 2o de carrera. Un pez llamado Petter.

Él era TODO lo yo admiraba en un chico. Era erasmus y venía de un lejano y muy acomodado país escandinavo, dónde no crecen las palmeras. Tocaba la guitarra, y el piano, hablaba francés y alemán (en realidad, chapurreaba más bien, constaté años más tarde), había estudiado un año filosofía, para luego cambiar a periodismo, para finalmente empezar medicina. Todo ello tras terminar el servicio militar noruego. Había hecho submarinismo, sabía navegar a vela, había leído novelas guays, y conocía a todas las bandas ochenteras que yo le pudiese nombrar. Curtido-curtido, era todo un hombre de mundo. Era El Hombre. Tenía unos ojos en los que cabían todas las tonalidades de verde y azul a la vez. Y sé que queda cursi-cursi, pero no le haría justicia si no admitiera que merecía que se le dedicasen todos los estúpidos poemas de Bequer juntos. Y que nunca me habían zarandeado tan fuerte, y toda la personalidad y la burlona indiferencia hacia el sexo masculino, se derretía como los casquetes polares, bajo el efecto invernadero. Sin prisa, pero sin pausa.

Por supuesto, yo era “demasiado joven”, para él, puesto que él sentía que nuestros 7 años de diferencia eran un abismo insalvable. Así que yo, la femme, hacía lo que el proverbio: “Une femme est comme votre ombre; suivez-la, elle vous fuit; fuyez-la, elle vous cour après”.

El hecho, es que fue ese primer “gran amor” con el que empecé los veinte, que me empujó a  hacer muchas cosas. Después de todo el amor no es tan ciego. Y uno JAMÁS  puede llegar a amar aquello que en realidad aborrece, porque amamos aquello que admiramos. Por eso en  lugar de sentarse, se puede uno levantar e intentar aprehender aquello que desea, y conquistarlo para sí mismo. Convertirse en la versión propia del Superhombre nietzscheano; vivir acorde con las reglas de uno mismo.

Por eso me fui a París.

Años más tarde, se terminó el erasmus, y volví a Barcelona, dónde tuve una relación con Pere. Nos unían muchas cosas, excepto el independentismo fervoroso de Cataluña, que nos encendía en discusiones airadas que no pocas veces acababan en calentón. El principio fue lo mejor; cuándo los besos eran lo más importante, y podíamos pasar horas en la cama comiendo helado, y viendo videos chorra en youtube después de hacerlo. Cuándo él improvisaba al piano mientras yo leía poesía. Cuándo hacíamos sushi, o salíamos a ver jazz en directo. Después el tedio, la cotidianidad, y el hecho de que en realidad no teníamos tantas ganas al compromiso, una vez pasada la química, erosionaron aquello. En realidad en la veintena, por mucho que  a veces lloremos nuestra soledad, no tenemos ganas al compromiso en el fondo. Estamos enamorados del propio enamoramiento, que no es igual al amor. Porque el amor en las relaciones establecidas tiene una cara fea, y no es fácil. Pero resulta increíble hasta qué punto creemos que es cómo nos lo venden el cine,  la musica y por ahí en general.

Luego conocí este año a Peter, alemán esta vez. No destacaba en nada, ni era original en ningún sentido. Tampoco era excesivamente guapo, pero sí muy atractivo. Y muy jugador. Cada vez que quedábamos se esforzaba en dejar los besos, y todo contacto físico en general hasta el final, para el punto en que ya no podíamos aguartar más. Le encantaba  acumular así la tensión sexual. Y eso era deliciosamente exasperante. Eso y su manera tan lenta de besar. Y que le escandalizase que en Barcelona, cómo cocktail, sólo se tomasen mojitos en la mayoría de bares.

Lo más inquietante de todo, es que la primera vez que fui a casa de Peter. Íbamos en bicing y le dejé adelantarme porqué dijo que ya casi estábamos, yo no sabía dónde vivía exactamente. Pasamos por la calle de Petter el noruego, y entonces sospeché algo y me  marée un poco, pero me dije a mi misma, que sólo estábamos pasando por allí. Me recuperé al dejar atrás la calle, y encontrar un bicing nada lejos de allí. Entonces me di cuenta de que volvíamos sobre nuestros pasos, y que estábamos de nuevo en la calle de Petter el noruego, en el Rabal, muy cerca del Magba.
Me dije que en esa calle había muchos edificios, y que lo que yo me olía era demasiado improbable. Pero entonces avanzamos hacía un portal MUY familiar. Entretanto, él abriendo la puerta estaba enfrascadísimo contándome, la increíble coincidencia que había experimentado con ese edificio. “¿más que la mía?”. Él seguía narrando, y  yo miraba fijamente las escaleras, y las paredes mientras subíamos, intentando encontrar ganchos, a los que mi memoria se hubiese aferrado, estructuras para reconocer. Cuándo abrió la puerta, y vi el salón, el techo alto y los porticones blancos que separaban las habitaciones no me cupo la menor duda. Nos dejamos caer en el sofá, y él seguía explicando.
A mí toda la sangre me había abandonado la cara, y el corazón se me había ralentizado al borde del paro. Mientras él terminaba de contar, que justamente, en Alemania, la chica que vivía ahora en su habitación, era la que había vivido antes en su habitación actual en Barcelona, en esa casa. Y cómo sin conocerse de nada, y por pura casualidad, se habían literalmente intercambiado las habitaciones hace unos meses. Y se acababa de enterar.

Su cuarto era antes un descansillo que daba al balcón, estaba justo delante del ex-cuarto de Petter.

Hacer el amor en el lugar en el que hace 4 años había un sofá dónde me sentaba a tocar la guitarra, sin conseguir siquiera un beso. Testiguar cómo la vida me había llevado de vuelta a ese piso 4 años más tarde, para terminar la faena con otro Peter. Para saldar su deuda conmigo. Cómo si en lugar de caos, hubiera un orden sarcástico de las cosas, que se divertía haciéndonos esto, dejándonos hacer dibujos, de esos que aparecen al unir puntos, en nuestras mentes.

Después de todas las “señales” y las muy improbables casualidades, luego resultó que la cosa TAMPOCO llegó a cuajar.  Muy a mi pesar, todo se fue diluyendo despacio (después de todo parece que él estaba aquí más bien de Orgasmus, y eso.).

De todos modos sólo espero no volver nunca a ese piso, con un enésimo Peter.

Moraleja: que no hay destino ni señales. Porque los “signos” son puntos que nosotros nos empeñamos en unir. A la mierda Steve Jobs y su precioso discurso “connecting the dots”:

http://www.youtube.com/watch?v=vXJYrrLGNAo

Sé que la intención del tío Steve es buena, y tal. Pero ASÍ se empieza: de interpretar los signos, a la homeopatía. Y de la homeopatía a intentar curar el cáncer de páncreas con energía positiva. (Spoiler alert: muere al final.)

Y ahora que he convertido a Petter, y a todos los pseudopeters que vinieron después en “literatura”, de algún modo me dado un cierre. Capítulo terminado, me siento nueva. Y ni siquiera tengo necesidad de cortarme el pelo. Ya puedo pasar página, y seguir con la vida. Y esta ofrece MUCHO más que el amor romántico; qué parece ser el único motor vital de demasiadas personas. También existe el arte, la literatura, el viajar, la música, la amistad, los idiomas, la ciencia, la medicina y otras cosas que nos  apasionan en la vida. Y no, señor Freud, no son todas esas cosas sublimaciones del sexo. El ser humano es mucho más que eso.

Todas las imagenes que en esta entrada aparecen son mías. Excepto 3 que son del Gran Internet. Pero no diré cuales.

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8 comentarios en “LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE PETER:

  1. Muy chula tu historia de los Peter, Petter, Pere, etc… Me gusta tu forma de pasar pagina, me gusta tu estilo, me gusta que hayas vivido muchas experiencias (con lo joven que eres) que incluyen idiomas, viajes, calles, edificios, guitarreo, lagos, Peters, etc… Y que nos lo cuentes de forma tan literaria.
    Y lo que te queda por vivir, y por contarnos!! 🙂

    Besotes, encanto. Y FELICES FIESTASSSS!!!

    • Y a mí me gusta que te guste!!

      No. ¡falso! me ENCANTA!

      ¡Y me gusta que también aprendas alemán! ¡Y que descubras tierras, gentes y un montón de cosas nuevas y que nos lo cuentes!

      Un beso MUY GORDO! Und Frohe Feiertage, guapísima!!

  2. Yo tengo un primo llamado Pedro, por cierto.

    A veces parece que algunos de nuestros fantasmas se parten por el mismo patrón. Sin ir más lejos, este año que termina (y el anterior) he sufrido con más pena que gloria a cuatro impresentables, dos mujeres y dos hombres, que parecían ser clones los unos de los otros, en especial ellos dos.

    En otro orden de cosas… Una vez me enamoré de una chica, Victoria, que figura en mi blog de manera recurrente. La historia duró lo que tenía que durar, tuvo segunda parte y acabó en amistad. Un añito después de los hechos, conocí a una chica que parecía la versión 2.0 de Victoria, y, cómo no, me lié con ella, no por ser la 2.0 de Victoria, sino por ser ella, 1.0. Al final resultó que le sobraba el punto 😉

    • Pues no sé si decirte que me presentes a tu primo Pedro, o más bien NO, visto lo visto!! jajajajaja 😛

      Yaa, tienes, mucha razón en lo de que muchas veces “nuestros fantasmas vienen cortados por el mismo patrón”, como si nos gustara eso de pegarnos la cabeza contra el mismo muro. En mi caso los Peters se llamaban todos igual, aunque luego eran MUY distintos.

      Y que hay personas que nos marcan de algún modo permanente, y al no poder tenerles, buscamos sus reflejos en otros. En una Victoria 2.0 😉 , por ejemplo! Pero luego depende de nosotros (y si la persona lo vale) reconocerla por sí misma. Y darse cuenta de que le sobran todos los puntos 😉 Porque existe más gente maravillosa, y DIFERENTE de la que enamorarse, y con la que ser feliz.

      Un beso MUY GORDO, Jack :)!
      Y espero que no tengas que tratar con más impresentables ni el año que viene, ni ningún otro!

      • Mira que le tengo cariño a mi primo… Pero no te lo recomiendo. Su primo, el que tiene un blog, es más recomendable (y muy modesto).

        Un beso fuerrrte y que el 2014 nos sea propicio a tod@s!!

  3. ¡Demasiadas estructuras reiterativas! El mundo debería ser más grande y la vida más larga y sencilla para evitarnos la psicosis de ver una y otra vez todo repetido.
    ¿Por qué tanto Peter y tanta Victoria? Deberíamos poder elegir más, irnos a otros planetas, probar otros estados de la materia, encontrar nuevas formas de hacernos daño para variar entre tanto drama humano.

    (Me ha gustado, a mi no me va lo sentimental pero ha estado muy bien. Buen realismo, buen cinismo, buenas puyas a Steve Jobs. Y además has conseguido hacerme pensar en mi vida. Brrr. Muy bueno)

    • Diría “AMÉN” al NO a las estructuras reiterativas…pero sería un despropósito, teniendo en cuenta mi ateísmo absoluto 😛 !
      ¡Así que en lugar de eso, vayámonos a otro planeta!

      Me alegra que te gustara mi texto porque admiro tu estilo pulido, y con carácter. Aunque casi todo lo que nos cuentes sean barbaridades imaginarías 😉 , las cuentas con completa veracidad y contundencia. Así que, caballero, es un AUTÉNTICO cumplido, viniendo de ti.

      Un beso MUY gordo!

  4. Pingback: Girlfriend in a coma | Psiconautablog

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