EXPLORANDO EL ABISMO con Enrique Vila-Matas y Sophie Calle

Sobre la conferencia del 15 de enero del 2014 

vila matas

Llega un hombre sesudo; le bailan los faldones del abrigo mientras avanza entre el público de la pequeña sala hacía la mesa des de la que dará la conferencia.  Gesticula dulcemente con las manos, y su sonrisa es tímida. Es Enrique Vila-matas. Se nota que no sabe muy bien que hacer mientras el presentador enumera sus muchos premios y algunos de sus libros más aclamados por la crítica. Y lo resuelve ocupándose en beber agua del botellín que le tienen preparado en la mesa de ponencia.

Explica una anécdota, dice que escribir no es cómo hablar en público. De hecho es lo opuesto.  Y por eso se dedicó  a escribir, para no tener que hablar en público. La gente ríe. Explica que en otros tiempos tenía que tomar calmantes para hacerlo, lo cual enlentecía y entumecía su discurso. Una mujer le comentó en una conferencia en Latinoamérica  “A ustedes los escritores españoles, se les ve muy tranquilos desde la muerte de Franco”. El público vuelve a reír. Ya se siente más cómodo.

La conferencia gira entorno su nuevo libro de relatos, “Exploradores del abismo”. Después de una fase de lo que él llama “automitografía”, o “metaliteratura”, en la que escribía  sobre sí mismo, entrelazando ficción y realidad, indagando en el sinsentido y convirtiendo la literatura misma es personaje y tema de discusión; se haya ahora en la fase de la búsqueda del difícil brillo de lo auténtico, aproximándose a la verdad a través de la ficción”. Un renacimiento personal y literario que quizás cobra sentido después del colapso renal y la hospitalización que sufrió el autor antes de escribir la obra. Dice de sí mismo: Tenía la impresión, en los últimos meses, de que había perdido intensidad en mi rareza e incluso llegué a leerme a mí mismo en la época en que era realmente raro para recordar cómo era mi rareza”. De todos modos aún se puede reconocer en la nueva obra el ADN literario de Vila-matas. Al fin y al cabo uno puede ir hasta los límites de sí mismo, pero no puede librarse de su identidad.

En “Exploradores del abismo” hay personas que sondean el horizonte más allá de sus límites y se entretienen al borde del precipicio. Y un tema por excelencia Kafkiano: la búsqueda de la verdad a través de la ficción. Igual que en la metamorfosis un ser se convierte en insecto,  pero logra vivir una realidad apabullante, y consigue generarnos reflexiones perfectamente válidas  al otro lado de la página, en el mundo real.

De hecho en “Exploradores del abismo” hay una página que es un cuento de Kafka tal y cómo este la escribió,  sin cambiar una coma, que se integra de manera perfecta en el resto del texto.

Personalemente, me parece que más destacable del nuevo libro de relatos es la historia “Porque ella no lo pidió”, donde de nuevo nos da ficción por realidad (el ADN ataca de nuevo). La historia trata de su peculiar encuentro con la artista conceptual francesa Sophie Calle.

Para mí fue un punto de inflexión tremendo que Vila-Matas personalmente me introdujera esta artista que escribe sin ser escritora, fotografía sin ser fotógrafa, y es todo y nada a la vez; la mujer que perseguía a los desconocidos para fotografiarlos, o que preguntaba a los ciegos que era la belleza para ellos, y luego lo convertía en una exposición con sus citas enmarcadas junto a las fotografías de cada uno.

“Hice este trabajo en Francia y Australia. No sé por qué pregunté sobre la belleza. Simplemente, me encontré con un grupo de ciegos en la calle y uno le decía a sus amigos: ‘Ayer vi una película preciosa’. Tardé dos años en terminar esa obra. Tenía miedo del elemento de crueldad implícito en preguntarle a una persona ciega qué es la belleza.”

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sophie et les aveuglesSophie Calle y su obra “Les Aveugles”

 En una ocasión conoció a un hombre en una fiesta, y se enteró que iba a Venecia, de modo que decidió seguirle y fotografiarle: “La suite Vénetienne”. Tardó cuatro días, de búsqueda por pensiones y hoteles, en dar con él.

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Otra obra conocida de Sophie Calle es “Les dormeurs”:

“Pedí a algunas personas que me proporcionaran algunas horas de sueño.
Venir a dormir a mi lecho. Dejarse fotografiar. Responder a algunas preguntas.”

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“Propuse a cada uno una estancia de unas ocho horas, la de un sueño normal.”

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“Mi habitación tenía que constituir un espacio
constantemente ocupado durante 8 días, sucediéndose los durmientes a
intervalos regulares”

 

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“Lo que me gustaba era tener en mi cama gente que no conocía, de la calle,
que no sabía lo que hacían, pero que a mi me daban su parte más íntima,
ver como dormían ocho horas por la noche, como se movían, si hablaban,
sonreían. Esta gente no sabía quién era ni qué hacía”

En la vida de Sophie Calle resulta difícil separar la realidad del arte, ya que forman una entidad  indivisible. Dice de sí misma que su carrera empezó en el 79, año en el que después de viajar por todo el mundo había vuelto a su París natal, y paseaba por la calle y fotografiaba a los extraños porque no sabía qué hacer con su vida.

Su obra gira entorno de la fascinación que le produce la intimidad, la mirada propia y la ajena. Personalmente puede entender esta necesidad de saber del otro y me identifico con Sophie en el sentido de que a veces a mí también me falta concentración para ahondar en una sola cosa, y me reconcome el ansia de saltar de una actividad a la siguiente. Y ella deja abruptamente un proyecto para pasar al próximo. Porque lo que de verdad importa es la búsqueda.

***

Así pues Sophie Calle quiso verle en el famoso Café de Flore de París.  Le produjo tamaña curiosidad que decidió que no podía eludir aquella cita.

Antes de ir al Café de Flore, Vila-Matas estaba algo nervioso así que decidió pasar por Le Napoleón, que estaba muy cerca, y cuál cowboy en un salón, pedir un whiskey doble bien cargado, bebérselo de un trago y pedir un segundo. Repetir la operación. Ya algo más calmado decidió dirigirse a la cita, que había programado a las cuatro de la tarde, porque sentía que no podía esperar más para saber en qué extraña historia le involucraría. Tenía la sensación de que ella lo estaría siguiendo y fotografiando, y que todo lo que hiciera podría ser material para la próxima exposición de Sophie. De repente vio un escaparate de una librería, y se paró al ver un libro suyo  expuesto. Un hombre de aspecto argelino se le acercó y le dio una tarjeta de visita. “No he podido evitar seguirle al ver su comportamiento” Dijo mientras le ponía en la mano una tarjeta de Alcohólicos Anónimos. “Alcohólico quizás, pero de anónimo nada” respondió señalando su libro en el estante.

Poco después llegaba al Café de Flore, dónde desde la puerta giratoria avistó a Sophie, y la saludó con un gesto con la mano. – Reconoce con una sonrisilla que – al hacer ese gesto, que quedó ridiculísimo, se arrepintió en el acto y ella giro la cara con desdén. Luego cayó en la cuenta que era él su cita, al ver que se acercaba a su mesa, y que se presentaba.

Ella le explicó que su madre estaba muy enferma, y que no sabía cómo continuar su vida. Entonces hizo una pausa melodramática y declaró que quería que a partir de ese momento él escribiese su vida, y ella cumpliría la narración al pie de la letra; acto seguido se levantó  y dijo muy alto “Menos matar”, y se volvió a sentar.

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Pensó en rechazar la oferta, pero resultaba ser la historia más emocionante que tenía entre manos, y lo más interesante que le había pasado en mucho tiempo. No podía dejar de pensar en aquella extraña idea, de modo que aceptó el encargo.

Se intercambiaron varios e-mails, que Vila-Matas escribía con un recelo tremendo, ya que imaginaba la posibilidad de encontrarlos encuadrados y en grande en una galería en París.

Escribió para ella un primer capítulo con un encargo. Ella tendría que ir a las Azores a fotografiar el fantasma del autor. Su propio fantasma.

Estaba seguro de que ella lo conseguiría; pero la salud  de la madre no paró de empeorar, y el proyecto se fue aplazando y él estuvo bloqueado en su escritura.
Necesitaba que ella hiciera el próximo paso para él continuar escribiendo.
El tiempo seguía pasando y nada sucedía. Finalmente la madre de Sophie murió. Después el propio autor estuvo hospitalizado. Lo que le condujo a la crisis literaria que le empujó a renacer cómo autor con “Exploradores del abismo”. De todos modos, le quedó ese comezón de historia interminada, que le impedía pasar página del todo. De manera que acabó escribiendo “porque ella no lo pidió” y lo incluyó en el libro para salvarse a sí mismo.

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