Berlín era una fiesta- O Berlin is a Moveable fest- La Rave no se acaba nunca- Sin Desayuno (desnudo) en el Club- Requiem al sueño-El Techno sí tiene sentido-PRIMERA PARTE

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En mi última inmersión en la tierra mística de la Fiesta, empecé a buscar a Joan Vollmer. Por aquel entonces desaparecía  durante varios días de party, cómo si me hubiera ido de viaje entre la masa de la juerga Berlinesa y me lo tomaba muy en serio, eso de salir. Por eso me había propuesto escribir un libro sobre la Fiesta en formato de escrituras sagradas (en clave bíblica) con toda la fe en lo divino que algunos ateos espirituales tenemos. Sería muy solemne, contundente y inundaría al lector de descripciones y adjetivos como una plaga del Antiguo Testamento. Empezaría más o menos así: Éramos profetas en busca una revelación divina. Alguna. Alguna que nos dijera finalmente qué era especial y si éramos alguien. Por ello, ahí, en la Fiesta, flirteábamos con las distintas y variadas fronteras de la cordura más temeraria- que valientemente. Sacábamos el guerrero interno en cada uno de los eslabones de noches Berlinesas encadenadas en el viaje del Trip. Hacedores de leyendas, habitábamos en nuestras fábulas y castillos de aire felices. Nuestro colorido mundo era paralelo e imperturbable al mundo gris, rígido, serio y restrictivo de la realidad. La fiesta coexistía (cómo tantas otras dimensiones) con la Vida Real. Y no nos esperaba, podía empezar sin nosotros y continuaba cuando nos íbamos. La fiesta era un tren de origen Viernes destinado al Lunes. Podíamos entrar al Club un sábado al medio día, duchados, bien dormido y bien desayunados, e irnos la madrugada del domingo. Daba igual. El tren arrancaba, y nos podíamos subir a él y apearnos (o no) en cualquier momento en el espacio-tiempo de las coordenadas de nuestro peregrinaje en los confines del amplio mapa de los Clubs y el fin de semana sin limites Berlinés.

Por ello tenía que buscar a Joan Vollmer, la mujer de Burroughs y meterle un tiro en la frente. El motivo está claro: todos están de acuerdo que ESO fue lo que hizo de Burroughs escritor.-Y a mí me da a veces la sensación que me falta un pequeño hervor, de vez en cuando, un último empujoncito que haga mis textos mejor. Y en realidad ya sé cuál es el problema. Tienen alma, pero a veces mis textos se toman a sí mismos demasiado en serio, y eso les da un tono tieso, angustiado que mengua un poco su valor. Deberían aflojarse, ser más irónicos.Quizás tenga que ver con haberme criado en una familia religiosa. O ser una persona con tendencia a la angustia generalizada. Pero HEy! Estoy trabajando en ello.– Burroughs se hace escritor a partir del momento en el que mata a su mujer; antes de ese momento había escrito, pero no había escrito. Aquello fue lo que le dio dimensión. Lo que le incompletó de un modo más profundo. Porqué todas las grandes obras de la literatura están incompletas. Verdad?

Aunque había oído al pobre Alejandro Jodorowsky quejarse de que todos estábamos locos por el arte enfermo. Qué nos encantan las cosas retorcidas, oscuras, ajenas y qué poco arte luminoso hay! Arte qué cure, arte alegre sin caer en el Kitsch!

Por ello en mi última inmersión en la tierra mística de la fiesta empecé a buscar a Joan Vollmer. Descubrí al poco tiempo, qué en mis fiestas habitaban animales mitológicos y criaturas imaginarias. Descubrí que no estaba nunca sola de fiesta. Algunas criaturas incluso eran inexistentes. En las fiestas, como en todo viaje me encontraba otros compañeros de camino. Y los otros viajeros le ofrecen a uno el agua, los chicles, el cigarrillo o la droga que necesita.

A veces, tanto si uno quería, cómo si no, también bailaba uno solo en Berlín. Mirando alrededor del espacio Tecnoide* me daba la sensación de que los alemanes bailaban más espásmicos que ondulantes.  A menudo cada intento de bailar en pareja suponía un paradón supremo de akwardness. Será por esa cualidad del Techno que hace que se baile tan bien solo. El estar solo o acompañado está sólo en la cabeza.  Qué uno baila solo en Berlín, rodeado de espejos y espejos y espejos de sí mismo que lo que dan es un espejismo de uno mismo multiplicado con los cientos que le bailan alrededor y que no son más que distintas ramificaciones del yo qué luchan empujando más allá de la debilidad-yoica en todas direcciones hasta que lo rompen rozando el delirio. No se puede evitar caer en la psicosis que puede ser desde un momento tierno, hasta la revelación “religiosa” de un principio secreto de la vida que se había descubierto.

Vamos allá, soy el insider/outsider de la fiesta que toma nota de sus pensamientos. Qué nada me pare. Bueno, casi nada, excepto la batería del móvil con el LED en rojo vivo llorándome en la cara.

Me giré hacia el chico sentado a mi lado y mirándole largamente, le comenté: -No disfruto más de las fiestas. Porque sólo las analizó. Racionalizándolas al límite de lo maligno.

–(Risas),

Ai, menuda mentirosa!

Luego nos pondríamos a teorizar sobre el mundo a discutir perdiendo el hilo en la lucha exctásica, anfetamínica y cannábica . Que te salga humo de las orejas por el esfuerzo mental de recuperar tus pensamientos febriles, galopantes, brillantes, coloridos, absurdos pero escurridizos.

He perdido el hilo…pero lo recupero,

Olympics for the brain. A Little more speed~

y mis amigos me siguen el razonamiento. Qué bonito, que todos por “diferentes caminos” hayamos llegado al mismo plano, al mismo lugar en el que todo encaja y uno se entiende a la perfección y como en la claridad del día.

Hay fiestas en las que pedante, me paro cada dos minutos para escribir mi comentario genial en mi Smartphone. Hey! Hey: Escribir no es hacer listas de conceptos! Escribir es encontrar sentido a las cosas. Reconocer patrones, en el textil del día a día. Es la línea que lo une todo con la continuidad.

Alucina que escribe. Pobrecilla.

Y a veces siento que me voy volviendo irreal, en la superrealísima discoteca.

El tiempo se dilata

 se estira.

 

Continuará…..

 

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Fotografía en Berlín, Wedding.

 

 

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